¿Por qué no contarlo todo?

Segunda parte.


Hablar de la violencia machista que sufren las mujeres no es fácil. Hacerlo públicamente y compartirlo en redes sociales menos. Constantemente se desestiman las narraciones de las mujeres, se les culpabiliza por la violencia que sufren mientras que se minimiza la actitud o conducta violenta de los agresores. ¿Por qué estaba ahí? ¿Por qué iba vestida así? ¿Qué hizo ella para provocarlo?


Aun frente al contexto de revictimización[1], contar las violencias y compartir testimonios se ha convertido en algo menos extraño. Con la irrupción del movimiento #MeToo en las redes sociales en 2017, se rompió el silencio sobre la violencia sexual en la industria cinematográfica, lo que evidenció que no hay espacios, por más privilegiados que sean, en donde las mujeres no puedan estar exentas de la violencia.


Con #AcosoEnLaU se visibilizó el abuso de poder y la omisión de las autoridades educativas ante los casos de acoso, abuso y hostigamiento al interior de las universidades mexicanas públicas y privadas. En 2018, tras la indignación que causó a las mujeres y colectivas feministas conocer la sentencia del caso de la manada, en españa surgió el #Cuéntalo. Rápidamente se globalizó y mujeres de 60 países se unieron para contar las agresiones machistas que han sufrido. Se compartieron más de 50,000 testimonios sobre feminicidio, violación, acoso y agresiones sexuales[2].


Los testimonios masivos en redes sociales han visibilizado la vigencia y la magnitud de este tipo de violencia, un problema estructural como consecuencia de la desigualdad entre los géneros. Una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual en algún momento de su vida[3], sin embargo, hablarlo o denunciarlo nunca ha sido lo más común.


Las narraciones individuales y las denuncias colectivas sobre la violencia machista en redes han permitido “enlazar experiencias similares que permanecían aisladas y generar empatía, indignación y solidaridad”[4]. Los testimonios tejen lazos y funcionan como mecanismo de identificación[5] y acompañamiento entre las mujeres, te muestran que no eres la única que ha sufrido una situación de violencia, que es común no hablarlo y sentir miedo, culpa o vergüenza.


A través de las redes sociales se ha hecho espacio a las narraciones en primera persona y al conocimiento situado de las mujeres, que por tanto tiempo han estado ausente en las narrativas de los medios de comunicación, las instituciones y la sociedad en general. Entonces, la funcionalidad de los testimonios ya no solo se limita al orden jurídico, sino que abre la posibilidad de “la reparación y justicia, en el orden simbólico y social” y se vuelve una forma de “agencia política y reparación individual”[6] para las mujeres víctimas. Porque en ese espacio que creamos juntas y en el que nos apoderamos de la narrativa, es común encontrar un #YoSíTeCreo y sentir que #NoEstásSola. Y en este escenario, creo que vale la pena contarlo todo.

[1] “La revictimización o victimización secundaria se da cuando la misma víctima, aparte del ocasionado por el delito, sufre daño posterior causado por los impartidores de justicia, por la policía, jueces, voluntarios y trabajadores del sistema penal, y por la misma sociedad, incluyendo familiares, comunidades o medios de comunicación” (Dalia B. Carranco, 2020). [2] http://proyectocuentalo.org/ [3] Organización Mundial de la Salud, 2017. [4] Fassin & Rechman en Ávila, M, 2018. [5] Esto lo explica Cristina Fallarás en su ensayo “Ahora contamos nosotras”. [6] Los entrecomillados de este párrafo corresponden a: Ávila, Magali Barreto. (2018). Testimonio, segunda victimización y reparación. Movilización feminista frente a un caso de violación sexual en la Universidad. Sexualidad, Salud y Sociedad (Rio de Janeiro), (29), 215-234


Sobre la autora:

Sofía Lozano Snively

Feminista y defensora del derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. Trabajo en Alternativas Pacíficas A.C. donde brindamos atención y protección integral a mujeres víctimas de violencia de género.

Twitter: @sofyls

Esta columna forma parte de la sección Editorial de LaTraductoraMx, un espacio de opinión para mujeres especialistas que deciden alzar la voz.