¿Por qué no contarlo todo?

Primera parte.


¿Por qué hasta ahora? ¿Por qué no fue con las autoridades? ¿Para qué lo hace en redes sociales? Son algunos cuestionamientos que surgieron después de que Nath Campos contara a través de un video, la historia del abuso que sufrió. Estas reacciones descalifican los testimonios de las mujeres que deciden romper el silencio sobre la violencia que han sufrido.


Antes de hablar sobre por qué las mujeres deciden o no relatar las violencias que sufren, contextualicemos la falta de denuncias: en México las mujeres y los hombres no acuden a las autoridades a reportar los hechos que constituyen delitos. De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2020 (ENVIPE) solo el 11 % de los delitos se denunciaron en el país.


La mayoría de las razones para no denunciar son atribuidas a la autoridad: el 36.3 % de las víctimas considera que es una pérdida de tiempo, el 15 % desconfía de las autoridades, el 8.4 % cree que los trámites son largos y difíciles, el 3.5 % identifica una actitud hostil de las autoridades y el .8 % tiene miedo a ser extorsionada(o) (ENVIPE, 2020). Los bajos índices de denuncia no son responsabilidad única de las víctimas sino también de las autoridades[1].


La falta de denuncias y relatos no son problemas exclusivos de México. A nivel mundial menos del 40 % de las mujeres que han sufrido un hecho de violencia han buscado ayuda; entre quienes sí deciden buscar apoyo lo hacen principalmente con familiares y amistades[2], y en menor proporción con instituciones policiales o de salud (ONU Mujeres)[3]. ¿Cómo explicar este silencio? ¿Por qué no contarlo todo?


El miedo, la vergüenza y la culpa son las emociones negativas más comunes en las víctimas (Romero et al., 2015)[4]. Tienen miedo a ser responsabilizadas o acusadas de la violencia que han padecido, miedo a ser estigmatizadas y miedo a sufrir otra agresión por romper el silencio. El miedo causa confusión y esta inmoviliza a las mujeres (Romero et al., 2015).


La vergüenza las lleva a sentirse inferiores y a aislarse de su círculo social; la culpa causa que se sientan responsables de la agresión que sufrieron (Romero et al., 2015). Estas dos emociones afectan las relaciones interpersonales de las mujeres y distorsionan la percepción que tienen de sí mismas. También es importante señalar que la vergüenza y la culpa no se pueden desvincular del proceso de socialización de género en el sistema patriarcal.


Este es solo un acercamiento al porqué las mujeres deciden no contar las violencias que padecen. Los efectos de la violencia han sido ampliamente estudiados: existen trastornos específicos que tienen las víctimas, los cuales afectan la salud física, mental y su desarrollo en todos los ámbitos de su vida.


La respuesta de muchas personas y la cobertura mediática ante las historias de abuso y violencia, de Nath Campos y de otras mujeres, demuestran que hace falta empatía y sobran juicios machistas frente a las experiencias y testimonios. Y ante esto qué, ¿mejor no contar nada?

[1] Valdría la pena profundizar en qué experiencias nos han llevado a tomar esa decisión y que acciones u omisiones de las autoridades no incentivan la denuncia ciudadana. [2] Principalmente mujeres (Ramírez Rodríguez, Juan & Becerra, Patricia. (1998). La cifra “negra” de la violencia doméstica contra la mujer). [3] https://www.unwomen.org/en/what-we-do/ending-violence-against-women/facts-and-figures [4] Romero et al. (2015) Guía de intervención en casos de violencia de género. Una mirada para ver. Madrid: Editorial Síntesis.


Sobre la autora:

Sofía Lozano Snively

Feminista y defensora del derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. Trabajo en Alternativas Pacíficas A.C. donde brindamos atención y protección integral a mujeres víctimas de violencia de género.

Twitter: @sofyls


Esta columna forma parte de la sección Editorial de LaTraductoraMx, un espacio de opinión para mujeres especialistas que deciden alzar la voz.