Poblaciones afromexicanas, invisibilizadas históricamente


En México una de las poblaciones que históricamente ha sido invisibilizada en las leyes, las políticas públicas, los medios de comunicación y hasta en la historia, es la población afromexicana. El INEGI apenas en la Encuesta Intercensal 2015 comenzó a registrar a las personas que se identifican como afrodescendientes; para el último Censo de Población 2020 se contabilizaron 2,576,213 personas que se autorreconocieron como afrodescendientes o afromexicanas, es decir un 2% de la población total del país.


Esto no quiere decir que la presencia de poblaciones afrodescendientes sea nueva en México, de hecho, han estado presentes desde hace siglos, pero su peso histórico ha sido escondido. Por ejemplo, su participación en la guerra de independencia es poco abordada, casi no se menciona que hubo una importante participación de personas afrodescendientes de la Costa Grande de Guerrero que pelearon junto a Morelos.


También se han invisibilizado las raíces de personajes históricos como José María Morelos, Vicente Guerrero y Juan Álvarez, quienes fueron afrodescendientes, pero a quienes la historia oficial se encargó de blanquear su apariencia, borrando parte de su identidad. El borrado histórico es aún mayor cuando además de ser persona afrodescendiente se es mujer, persona con discapacidad o persona LGBTTTIQ+, por mencionar solo algunas categorías que aumentan su discriminación.


La segregación cultural e histórica de las poblaciones afrodescendientes en México tiene un impacto tan profundo que es imposible negar la discriminación racial a la que se enfrentan diariamente. De acuerdo con información del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) en México los derechos que más se vulneran a las personas afrodescendientes son el trato digno (87% de los casos) y la igualdad de oportunidades (57%); mientras que los ámbitos que han suscitado más problemas son en el laboral (37% de los casos) y en la prestación de servicios al público (30%).[1]


Si bien la ciencia ha demostrado categóricamente que las razas no existen, lo cierto es que el racismo sigue siendo una realidad, a través de este sistema de creencias se normalizan las desigualdades a las que se enfrentan las personas afromexicanas y se justifican las jerarquías sociales que injustamente afectan más a ciertos grupos, solo por su color de piel. Así que, mientras sigamos reproduciendo un sistema que normaliza estereotipos y prejuicios que fortalecen la exclusión social de grupos históricamente discriminados, poco cambio habrá. Uno de los primeros pasos es dejar de invisibilizar y empezar a reconocer, a reconocernos.

[1] Datos tomados de las quejas presentadas ante la CONAPRED.




Sobre el autor:

Carlos Osoria

Abogado, consultor y profesor especializado en temas de derechos humanos. Fundador de Humanus DH.

Instagram: @humanus.dh




Esta columna forma parte de una colaboración entre LaTraductoraMx y Humanus DH, una firma especializada en igualdad, no discriminación y derechos humanos.