Patrimonio, pobreza y patriarcado


La feminización de la pobreza oculta patrones sociales constituidos por otras agresiones difíciles de identificar. Este es el caso de las violencias económicas y patrimoniales.


Un patrimonio es el conjunto de activos y pasivos que una persona dispone para responder a las circunstancias de su entorno. No se limita a la liquidez monetaria o la capacidad crediticia. Sino que se extiende, tanto a la suma de bienes, como al conjunto de relaciones jurídicas, así como al reconocimiento de los derechos y obligaciones que le otorgan libertad para moverse social o económicamente.


El concepto surgió, en el derecho romano, para estipular la pertenencia de una propiedad y el derecho a transmitirla a través de la paternidad; por lo que no podía ser poseído por las mujeres. En la actualidad, consiste en el reconocimiento de la personalidad jurídica, independientemente de la identidad sexo-genérica. Sin embargo, aún prevalecen acciones que atentan contra la autonomía material y legal de las mujeres; privándolas de los recursos económicos que les permitan vivir con dignidad, seguridad y libertad.


La violencia económica limita la adquisición y uso de ingresos y bienes. Normaliza la desigualdad salarial; excluye a las mujeres de la administración de la economía familiar, o impone la obligación en solitario de la manutención de los hijxs.


Mientras que, la violencia patrimonial daña el ejercicio de la personalidad jurídica. Esto puede llevarse por medio del robo o destrucción de documentos de identificación personal (actas de nacimiento, pasaportes, licencias, cartillas o expedientes médicos) o de valor notarial (escrituras, facturas, testamentos); de la disposición ilícita de bienes; o de la coerción a escriturar, poner a nombre de otra persona, propiedades heredadas. Incluso la destrucción de objetos con valor personal se considera como una forma de violencia patrimonial.


Silvia Federici afirma que: “Si queremos entender los mecanismos de la vida social y del cambio social, tenemos que partir de la reproducción de la vida cotidiana”. Por ello, para erradicar estas violencias, y la consecuente opresión material sobre las mujeres y otras poblaciones vulnerables; debemos desmitificar prejuicios referentes a la participación económica, legal y financiera de las mujeres. El empoderamiento económico y jurídico, supone el reconocimiento de la autonomía y la voluntad, así como la piedra de toque para fortalecer el ejercicio de los derechos humanos.


Sobre la autora:

Aurora G. Bustos Arellano

Filósofa, feminista y fabulosa. Candidata a Doctora y Maestra en Filosofía de la Ciencia por la UNAM, Licenciada en Filosofía por la UANL. Interesada en construir puentes entre el conocimiento y la justicia; activista feminista y defensora de la Igualdad de Género y la Vida Libre de Violencia para Mujeres, Juventudes e Infancias.

Instagram: @Morgenrote85


Esta columna forma parte de la sección Editorial de LaTraductoraMx, un espacio de opinión para mujeres especialistas que deciden alzar la voz.