No, las personas no son pobres porque quieren


La idea de que cualquier persona puede salir de la pobreza con el solo hecho de “echarle ganas” es una constante en redes sociales, libros de superación personal o en conversaciones de pasillo. Pero, ¿es esto cierto?, ¿cualquier persona puede salir de la pobreza solo con proponérselo y “echarle ganas”?


Definir y entender la pobreza no es sencillo, décadas de investigación nos han dejado múltiples y diversos conceptos para entenderla; sin embargo, en la mayoría existe una constante: la falta de ingresos para atender las necesidades básicas.[1]


No obstante, se estima que una visión de la pobreza solo basada en los ingresos podría ser insuficiente. De acuerdo con la CEPAL, una perspectiva más amplia nos permitiría entenderla no solo como la carencia de recursos, sino como la falta de acceso a derechos fundamentales,[2] que ha afectado histórica y diferenciadamente a ciertos grupos de la población.[3]


Bajo esta lógica, no es coincidencia que en México las personas de piel más clara tengan más del doble de probabilidades de alcanzar un estatus socioeconómico superior, respecto de las personas con piel más oscura.[4] Tampoco es casualidad que en el continente americano a los hogares indígenas les afecte la pobreza extrema 2.7 veces más que a los no indígenas.[5]


Menos aún es una situación aislada que, en la región, las mujeres solo accedan al 38% de los ingresos económicos, correspondiendo el otro 62% a los hombres;[6] ni es consecuencia del azar que uno de cada tres niños o niñas indígenas y afrodescendientes vivan en situación de pobreza,[7] lo mismo que el 80% de las personas con discapacidad en el mundo.[8]


No queda duda de que las personas que viven en mayor situación de pobreza son también aquellas que pertenecen a grupos que históricamente han sido discriminados, segregados y violentados. La pobreza es una de las muchas consecuencias que tiene la desigualdad ocasionada por la discriminación sistemática y estructural que viven millones de personas en el mundo. Además, responde a una herencia intergeneracional de desventajas que continúan reproduciéndose en el tiempo, convirtiéndose en una barrera importante entre las ganas de salir adelante y la falta de oportunidades.


La próxima vez que leamos o escuchemos el argumento de que las personas son pobres porque quieren, valdría la pena cuestionar de dónde vienen esas ideas; lo más probable es que encontremos a alguien que, desde su privilegio, no ha volteado a ver a las más de 700 millones de personas[9] que se esfuerzan diariamente por no ser tragadas irremediablemente por ella.


No hay soluciones rápidas para acabar con la pobreza. Es necesario el trabajo colaborativo de países, organismos y sociedad civil; trabajar para implementar leyes y políticas públicas con perspectiva de derechos humanos encaminadas a disminuir las desigualdades y fortalecer la justicia social con un enfoque diferenciado e interseccional. En la medida en la que las desigualdades se hagan menores, todas las personas podrán acceder a mejores condiciones para el disfrute de sus derechos humanos.


[1] Naciones Unidas, Comisión de Derechos Humanos, “Derechos Humanos y Pobreza Extrema: Informe del experto independiente Arjun Sengupta Human sobre cuestiones de derechos humanos y extrema pobreza”. UN DOC: E/CN.4/2005/49, 11 de feb. de 2005, párr. 3-6. [2] CEPAL, La medición multidimensional de la pobreza. LC/L.3615 (CE.12/5), 17 de abril de 2013. [3] CIDH, Informe sobre pobreza y derechos humanos en las Américas, 2017, párrafos 300, 301, 302 y 303, disponible en línea en: http://www.oas.org/es/cidh/informes/pdfs/PobrezaDDHH2017.pdf [4] Solís, P., M. Avitia y B. Güémez. “Tono de piel y desigualdad socioeconómica en México”. Reporte de la Encuesta Proder # 1, El Colegio de México, 2020. [Consultada el 20 de enero en https://discriminacion.colmex.mx/wp-content/uploads/2020/07/info1.pdf]. [5] Banco Mundial, Latinoamérica indígena en el siglo XXI, primera década, 2015, pág. 59. [6] CEPAL, “Desarrollo social inclusivo: una nueva generación de políticas para superar la pobreza y reducir la desigualdad en América Latina y el Caribe”, enero 2016, pág. 26. [7] UNICEF y CEPAL, Pobreza infantil en América Latina y el Caribe, 2010, págs. 37, 38 y 47. [8] Centro de Noticias ONU, “Más del 80 por ciento de las personas con discapacidad son pobres”, ONU, 18 de agosto de 2015. Nota disponible en: https://www.un.org/development/desa/disabilities-es/2015/08/18/mas-del-80-por-ciento-de-las-personas-con-discapacidad-son-pobres/ [9] Naciones Unidas, Objetivos del Desarrollo Sostenible, información disponible en: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/poverty/



Sobre el autor:

Carlos Osoria

Abogado, consultor y profesor especializado en temas de derechos humanos. Fundador de Humanus DH. Instagram: @humanus.dh


Esta columna forma parte de una nueva colaboración entre LaTraductoraMx y Humanus DH, una firma especializada en igualdad, no discriminación y derechos humanos.