La cárcel como microcosmos de México


Por: Andrea Velarde López, integrante del CAIFAM y pasante del programa de Sistema Penitenciario y Reinserción Social de Documenta.



¿Sabemos cómo es la vida en prisión? Seguramente en pocas ocasiones nos hemos detenido a pensar cómo viven las personas privadas de su libertad pues el funcionamiento de la cárcel parece un misterio para la mayor parte de la población. En México, cuando una persona es sentenciada se le priva de su libertad y se le olvida, porque la justicia en nuestro país se enfoca principalmente en ingresar a las personas a prisión sin verificar las condiciones de éstas.


La justicia retributiva ha hecho que la sociedad considere que el sufrimiento que experimentan las personas dentro de los centros de privación de libertad es merecido. Sin embargo, se olvidan que estas personas aún gozan derechos fundamentales, tales como un trato digno, atención médica, nutrición adecuada, entre otros.


A pesar de que existen órganos que indican cómo debe llevarse a cabo la protección de las personas privadas de libertad, se ha documentado en diversas ocasiones que no se cumple con lo establecido. La falta de seguridad y vigilancia en los centros de privación de libertad de México ha sido un factor determinante en la violación de los derechos con los que cuentan las personas.


Otro factor que también influye en la transgresión a sus derechos es la nula preparación y especialización que tiene el personal de custodia penitenciaria al no ejercer buenas prácticas dentro de las prisiones, además de la corrupción y la sobrepoblación que se vive en ellas.


Lo anterior ha derivado en el desarrollo de un autogobierno dentro de los centros de privación de libertad. El informe del Instituto Nacional de Telecomunicaciones del 2018 señala que desde las prisiones se realizan alrededor de 3.7 millones de llamadas al año, de las cuales varias son para extorsionar. Los datos comprueban la inutilidad de los equipos bloqueadores de señal instalados dentro de las prisiones y demuestran que la corrupción se encuentra en todos los niveles.


Ante este panorama, podemos identificar que dentro de los centros de privación de libertad la posibilidad de tener una vida digna es casi imposible; las personas se convierten en cifras. Además, se les deja a la deriva al no proporcionarles herramientas para una reinserción social efectiva tras el cumplimiento de su pena, logrando que a su salida padezcan de discriminación al ser identificados como expresidiarios. Ante la impotencia de no poder cambiar su vida, muchos de ellos reinciden y cometen delitos que los llevan a regresar a la cárcel.


En la actualidad se utiliza la consigna "ni perdón, ni olvido" para referirse a casos donde no se ha hecho justicia, pero ¿qué pasa con las personas que ya han cumplido su condena? No sólo el sistema penitenciario les está fallando, nosotros también como sociedad al desear que continúen condenados.


Nos alegramos como sociedad cuando vemos que personas que cometieron un delito son privadas de libertad, como si eso garantizara un país más seguro; sin embargo, no nos percatamos que desde prisión siguen delinquiendo y no lo vemos porque decidimos ignorar lo que sucede dentro de las prisiones. No podemos sentirnos ajenos a lo que sucede en ellas, porque es algo que nos afecta a todos y todas y no sólo a las personas privadas de su libertad.


Las prisiones en México no garantizan una reinserción social efectiva ni hacen que la sociedad se encuentre más segura. Las cárceles en México son un micromundo que reflejan la situación del país y ante ello debemos actuar para cambiarlo.




Este artículo forma parte de una colaboración entre LaTraductoraMx y Documenta, en un esfuerzo por difundir los contenidos en materia de derechos humanos de su blog "Bajo la Lupa": https://documenta.org.mx/blog-documenta/