¿Gestación subrogada o explotación reproductiva?


A principios del 2021, el ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Jorge Mario Pardo, propuso otorgar un amparo contra el Código Civil de Tabasco relacionado a la gestación subrogada con el fin de permitir a personas extranjeras acceder a estos procedimientos, a las empresas mediar los contratos y así evitar abusos en la práctica, pero… ¿No es la práctica un abuso en sí? ¿No es explotación reproductiva? ¿Este amparo verdaderamente a quién beneficia?


De acuerdo al Grupo de Información de Reproducción Elegida (GIRE), la gestación subrogada es un contrato a través del cual una mujer acepta gestar para una persona o pareja que tiene la intención de fungir como padre(s) o madre(s) de la niña o niño nacidos de dicho embarazo. Este contrato incluye, en la mayoría de los casos, una compensación económica. Se cede el control a los contratantes sobre las decisiones del feto durante la gestación e incluso el control de actividades, hábitos y la salud de la mujer gestante, despojándole la autonomía de su cuerpo.


Es indispensable partir de términos precisos y llamar las cosas por su nombre. La gestación subrogada o gestación por sustitución es un eufemismo para hablar del alquiler de vientres/úteros de las mujeres con fines reproductivos. Incluso, este concepto no describe la práctica en su totalidad, ya que no se alquila un órgano, se alquila todo el cuerpo de la mujer. El vientre y los órganos reproductivos son inherentes a las mujeres durante el proceso de gestación.


Se habla de la reproducción asistida, desde la perspectiva de quienes contratan: se mediatiza bajo el discurso de la felicidad, los deseos y emociones de personas que no pueden tener hijas o hijos, pero se invisibiliza la realidad de quien gesta, de las carencias, los riesgos, las desventajas… Apelan al altruismo y la bondad; refuerzan el rol de servicio a la sociedad de las mujeres y lo representan como un acto de amor invaluable; ignorando la desigualdad que genera, la violencia económica y la participación de empresas mediadoras en este negocio multimillonario, que por supuesto, no tiene como primer beneficiario a las mujeres gestantes.


No podemos hablar entonces, de regular el alquiler de vientres, sin analizar todos los condicionantes de la práctica. ¿Quiénes contratan? ¿Quiénes son contratadas?


Quienes son contratadas en su mayoría son mujeres empobrecidas, racializadas, inmersas en contextos precarizados, donde su cuerpo es su patrimonio y a la vez, su recurso de supervivencia. Para validar la práctica, se suele recurrir al argumento de la libertad de elección, pero para que pueda ejercerse una decisión libre tiene que haber igualdad de condiciones y de oportunidades. La falacia de libertad y autonomía sobre sus cuerpos resulta muy conveniente para este fin pero no lo es, por ejemplo, para legalizar y despenalizar el aborto, por el mismo motivo, en los estados donde ya está regulado el alquiler de vientres.


Los vientres de alquiler son la representación de la estructura económica y social que se rige por el mercado, por la oferta y la demanda, no es más que la mercantilización del cuerpo de la mujer con fines reproductivos donde la mujer es el medio, la fuerza de producción y materia en el mismo proceso. Así, el tener dinero se traduce en la capacidad de cumplir deseos incluso si éstos vulneran la libertad y los derechos de terceras personas, violando principios éticos y humanitarios. Comprar consentimiento no es una decisión libre, es coerción.


En este debate, se debe remarcar la relación asimétrica de poder que, por más eufemismos que se utilicen, no pueden esconder la realidad en México, donde las mujeres gestantes se encuentran en una posición de desventaja por condiciones sociales, materiales y físicas, que ponen en riesgo su salud, integridad e incluso su vida en esta práctica. Los propios contratos se centran en los intereses de contratantes y de las empresas intermediarias, dejando de lado la protección jurídica para las mujeres en caso de enfermedad, desacuerdos, abusos y para infantes en caso de abandono.


Si bien, la prohibición no garantiza que se elimine la práctica e incluso podría propiciar la clandestinidad, la iniciativa debería ir encaminada a regular de manera estricta y muy limitada para desincentivar el alquilar de vientres, el turismo reproductivo y fomentar alternativas como la adopción.


"Allí donde no hay igualdad, la libertad es uno de los nombres del abuso" Amelia Valcarcel.


Sobre la autora:

Ana Albarrán

Comunicóloga y feminista. Escribo para entender.

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Esta columna forma parte de la sección Editorial de LaTraductoraMx, un espacio de opinión para mujeres especialistas que deciden alzar la voz.