El muro de contención


El 05 de marzo se terminaba por instalar el muro que rodea a Palacio Nacional. No estaba hecho solamente de acero. Lo formaba una poderosa argamasa de estructuras y costumbres. Y esta hecho también de creencias que por décadas han resistido los embates de la realidad: se destaca la idea de la feminidad de las mujeres relacionadas a ser castas y honestas y tener un comportamiento honorable.


Finalmente, como ocurre siempre, la realidad terminó por imponerse: el número de mujeres asesinadas por violencia feminicida al día y la súbita desprotección a las víctimas de violencia de género y sus familias. A partir de entonces, no sin tropiezos y desencantos, aquel conglomerado de mujeres y disidencias, acogieron el muro en su materialidad en un “nosotras” también en sustantivo que centra en este acto de inclusión, la perspectiva de las víctimas en “nuestra perspectiva” y afirma la disponibilidad existencial para una “otra”.


Hace tres, cuatro, cinco años, esa imagen habría sido muy improbable. Las manifestantes se reunían en grupos más pequeños, en zonas vigiladas buscando la manera para no pasar por inadvertidas ¿qué cambió? En las circunstancias actuales, si nada cambia, la conclusión es alarmante. En la multitud anónima que acompaña no existen protagonismos individuales ni colectivos. El dolor no es ajeno a las categorías que organizan nuestra realidad y la reflexión sobre los actos cometidos rara vez atraviesa los muros para vislumbrar el mandato que se nos impone.


Entendiendo que la democracia no puede tatuarse más en los cuerpos maltratados de las mujeres, la configuración de este nuevo escenario demanda eficacia ante el fracaso del sistema que pretende controlarlo todo, sobre todo ante la demanda de conductas de atención a las víctimas bajo una estructura que trabaje su autodeterminación y libertad en términos preventivos. Porque si lo que queremos es romper con el pacto de dominación, la política es un reflejo de la sociedad, y si hay violencia hacia las mujeres en el espacio privado lo habrá en el público.


La apuesta va con la restauración de la politicidad femenina y destrucción de los muros que encapsulan el reconocimiento de las múltiples dimensiones de nosotras las mujeres.


Sobre la autora:

Clarissa Guevara

Abogada. Feminista antipunitivista.

Twitter: @clarissaguevar


Esta columna forma parte de la sección Editorial de LaTraductoraMx, un espacio de opinión para mujeres especialistas que deciden alzar la voz.

Fotografías: LaTraductoraMx