El calvario institucional de Lili

Por Sara Elizabeth Cernas Verduzco


*Por seguridad los nombres son ficticios y se omitió información.


En las aguas iracundas del oeste mexicano, en un pequeño lugar llamado Manzanillo, se relata la historia de Lili. Madre de tres que vive para contar su calvario.


Como miles de mujeres Lili llevaba años aguantando a su agresor. Manuel era un padre ausente que en el tiempo de sus embarazos se apartaba de ella y nunca dejó de exigirle un varón. Michoacano de nacimiento y con un largo historial por tráfico de drogas, llegó huyendo a Manzanillo donde conoció a Lili.


Era un martes por la noche cuando bajo los influjos de una sustancia ilícita, Manuel golpeó fuertemente a Lili. Sus vecinas llamaron al 911 para pedir auxilio, sin saber que en la Delegación donde vivían hay disponible solamente una patrulla municipal, por lo que llegaron hasta desocuparse de otra emergencia. Muy temprano Lili acudió a la Fiscalía donde fue atendida luego de estar 3 horas en la sala de espera y para salir de ahí cuatro horas después con unas hojas que llevaban por membrete “Medidas de protección”.


Esa misma madrugada Manuel regresó y enfurecería mucho al ver cambiada la chapa de su puerta. Lili le rogaba que se alejara ya que sus hijas estaban muy asustadas, al tiempo que llamaba al 911. Cuando llegaron las y los elementos de seguridad pública ella sacó fuerzas y les señaló a su agresor implorando que se lo llevaran detenido, sin embargo, le dijeron que lo único que podía hacer era llevarla con su mamá, jurando que estarían al pendiente. A pesar de esto, Manuel le prendió fuego a su casa. Cuando llegó, su casa estaba convertida en cenizas y quienes habían prometido estar al pendiente no se encontraban.


Lili volvió a la Fiscalía por tercera vez en menos de una semana desvelada, enojada y preguntándose para qué servía la Medida de protección. Entonces se topó con que no había ningún reporte (iph) de la policía municipal sobre esas últimas agresiones, por lo que debían otra vez tomarle un resumen de los hechos si quería continuar con la denuncia. Estando consciente del peligro que representaba Manuel, autorizó su ingreso a un Refugio para mujeres acordando que su traslado sería hasta el día lunes en compañía de sus hijas.


Ese mismo día, de nueva cuenta acudió a la Fiscalía y de nueva cuenta fueron vulnerados sus derechos como víctima. Estaba desprotegida y ya no confiaba en nadie. La última pizca de esperanza por encontrar justicia se había esfumado.


Cuando la patrulla municipal llegó al lugar donde dijo Lili que esperaría, se dieron cuenta que ya no estaba, había preferido huir con sus hijas fuera de Manzanillo.


Su mamá la sigue esperando al pie de la puerta, pero no volverá mientras Manuel siga en libertad.


Sobre la autora:

Sara Elizabeth Cernas Verduzco

Feminista y Maestra en Sexualidad

Esta columna forma parte de una colaboración entre LaTraductoraMx y Desde Mujeres, una plataforma intergeneracional que busca la visibilización, reconocimiento y capacitación a científicas y profesionales sociales.