De vuelta a lo básico: el autocuidado cómo brújula


Desde hace algunas semanas me resulta complicado escribir y no precisamente por falta de temas: en México aún nos aterra que un nuevo pico de la pandemia nos azote, los problemas de violencia de género siguen existiendo y además nos encontramos en temporada de elecciones, cada día que pasa ocurre alguna situación nueva que tal vez en otro momento me habría hecho arrastrar la pluma con fervor.


Hasta hace unos días, no me había percatado de lo que me ocurría y en el vaivén diario de perseguir productividad y resultados a toda costa pensaba que el problema de mi NO- ESCRITURA debía atribuirse simplemente a que estoy siendo “floja”. Fue gracias a un artículo del New York Times que pude nombrar un poco mejor mi sentir. En él, Adam Grant1 hablaba sobre “languidecer” (Traducción del “languishing” que usaban en el lenguaje original) como la emoción dominante de muchas personas alrededor del mundo en el año 2021.


Languidecer según el diccionario de Oxford2 significa: perder la fuerza, el vigor o la lozanía y de acuerdo al artículo de Grant, no se refiere precisamente a sentir tristeza, ni desesperanza, es más parecido a un estado que coloquialmente podríamos identificar con la onomatopeya “Meh”. Languidecer es una sensación de estancamiento y vacío y tiene mucho que ver con los efectos psicológicos que ha tenido la pandemia de Covid-19 sobre las personas.


Mientras que en el año 2020 transitamos entre un estado de alerta permanente al no saber precisamente cómo se transmitía el virus y el duelo de perder a nuestros seres queridos y la vida como la conocíamos. En el 2021 hemos podido controlar mejor los verdaderos factores de riesgo y desarrollado rutinas que nos ayudan a mantenernos en equilibrio y darle un descanso a nuestras amígdalas. Sin embargo, aún con el surgimiento de vacunas y aparente descenso de contagios, la pandemia continúa y desde que nuestros cerebros no pueden estar todo el tiempo en modo pelea o corre, pasamos de la angustia aguda a la languidez crónica.


La languidez sería entonces como un limbo, un estado de negación NO TRISTEZA- NO FELICIDAD. Lo peligroso de una situación así es que el preludio a episodios mayores de depresión y de ansiedad, no suele ser la tristeza excesiva sino precisamente esta indiferencia “funcional”.


Como una persona con tendencias melancólicas, conocer mi propio sufrimiento y nombrarlo ha sido siempre la antesala para ayudarme a mi misma. Así, identificar esta situación, me ha llevado a procurar estrategias para evitar que la languidez se apodere de mi. Pero lo más importante es que me condujo de vuelta al lugar al que sé (gracias a mis años en terapia psicológica) que debo volver después de mis volteretas emocionales: El Autocuidado.


En nuestro imaginario cultural acostumbrado a orientarse hacia el consumo como la panacea de todos nuestros males, el autocuidado podría confundirse bien con dar rienda suelta a nuestros deseos más reptilianos o con el autoengaño y la positividad tóxica. Pasar un fin de semana entero bebiendo vino, con nieve y viendo por quinta vez la misma serie puede llegar a ser divertido, pero no siempre cuenta como autocuidado. El autocuidado real es un poco más antisistema.


Autocuidado es ser capaz de detectar y vencer a las violencias más escurridizas: las que introyectamos y ejercemos sobre nosotras mismas. Por ejemplo la idea de tener que ser productivas a toda cosa, la sensación de nunca ser suficiente, la creencia del no merecimiento, la ausencia de límites en nuestras relaciones interpersonales o la voz de la fascista interna, que nos atormenta dando siempre prioridad al “deber ser” por encima del “ser”.


Autocuidado es cuidarse como se cuidaría a una niña muy querida, retarse, reconocer y satisfacer los deseos propios, pero desde la ternura y la autocompasión. También, es saber cuando es necesario dejar que las cosas tomen el tiempo que tienen que tomar, es tener paciencia.


En un momento como el que estamos viviendo actualmente, es de suma importancia no abandonarnos a nosotras mismas. Volver al autocuidado nos permitirá transitar un poco menos densamente este re-amueblamiento colectivo. Pensar en maneras sostenibles de ejercer el cuidado propio, también aporta a la justicia social. Que la resignificación del mundo nos encuentre vigorosas.


Referencias:

1 Grant, A. (2021, 19 de Abril). There’s a Name for the Blah You’re Feeling: It’s Called Languishing [Editorial]. The New York Times. Recuperado el 27 de abril de 2021, de https://www.nytimes.com/2021/04/19/well/mind/covid-mental-health-languishing.html?smid=url-share

2 The Oxford English dictionary: Oxford languages. (n.d.). Recuperado el 27 de Abril 2021, de https://languages.oup.com/research/oxford-english-dictionary/


Sobre la autora:

Lucía Anaya

Soy muy curiosa, me gusta caminar, los perritos y el café. Me apasionan los temas de sociedad, género, nuevos medios y cultura audiovisual. Me encanta aprender, estudié una Licenciatura en Arte Digital y una Maestría en Humanidades. Actualmente me desempeño como creadora de contenido digital tanto educativo como para marcas.

Twitter: @lucianaya_

Esta columna forma parte de la sección Editorial de LaTraductoraMx, un espacio de opinión para mujeres especialistas que deciden alzar la voz.