Cultura del consentimiento


Comunicar lo que queremos es fundamental, pero complejo. Porque expresarnos, desde la autonomía plena, implica respetar tanto el curso de nuestros deseos como los límites de otros. Al interior de esta interacción, entre las acciones propias y las intenciones ajenas, está la posibilidad, o no, de ejercer poder; de otorgar y respetar el consentimiento.


El consentimiento es el mejor instrumento que tenemos para vivir nuestra vida sexual y cualquier otro tipo de interacción, porque éste está vinculado a otras normas sociales y a la pregunta sobre ¿quién está autorizado a participar en la toma de decisiones? Garantizar la capacidad de las personas de expresar su orientación e identidad sexual es un derecho humano primordial; pero el ejercicio de esta garantía enfrenta retos y obstáculos. Uno de ellos, es la falta de comprensión sobre qué es el consentimiento.


Históricamente personas con discapacidad; personas neurodivergentes; personas racializadas; infantes; juventudes y mujeres, son objeto de constantes violaciones a su capacidad de consentir a pesar de tener el pleno derecho comunicar y expresar su agencia sexual. Y esto es así, porque una de las múltiples formas en las cuales se perpetua la opresión social es a través del engaño sistemático por el cual negamos a ciertos individuos el poder que tienen. Consentir consiste en la acción de afirmar entusiasta, libre, informada, reversible y entusiastamente el deseo o intención de llevar a cabo una acción, implica aceptar y escuchar a los otros como iguales.


El respeto del consentimiento requiere de una cultura del cuidado, basada en el ejercicio de la comunicación, la responsabilidad, el respeto y la empatía hacia las experiencias de otrxs y de nosotros mismos. No existe una forma infalible para conocer nuestros deseos y límites; pero sí formas más equitativas de actuar frente a los demás, como respetar el derecho del otro a decir que NO, preguntar antes de actuar, aceptar los cambios de opinión, prestar atención a las reacciones de nuestros compañerxs frente a ciertas situaciones y escuchar con genuino interés las experiencias de otrxs.


La violencia sexual es una de las múltiples formas de agresión en las cuales se niega el derecho de consentir y el cuidado. Pero, en contraparte una educación sexual integral que reconoce que el mismo respeto que damos a nuestro cuerpo, se lo debemos al cuerpo de los otros, es una de las múltiples herramientas que poseemos para crear relaciones humanas más equitativas.


Nadie está autorizado a hacer algo en tu cuerpo sin tu deseo, permiso o conocimiento; de la misma manera en que, no estamos autorizadxs a hacer algo sobre el cuerpo de otrxs que no quieran. El consentimiento debe estar presente en cada paso del camino.



Sobre la autora:

Aurora G. Bustos Arellano

Filósofa, feminista y fabulosa. Candidata a Doctora y Maestra en Filosofía de la Ciencia por la UNAM, Licenciada en Filosofía por la UANL. Interesada en construir puentes entre el conocimiento y la justicia; activista feminista y defensora de la Igualdad de Género y la Vida Libre de Violencia para Mujeres, Juventudes e Infancias.

Instagram: @Morgenrote85



Esta columna forma parte de la sección Editorial de LaTraductoraMx, un espacio de opinión para mujeres especialistas que deciden alzar la voz.